Turismo sin barreras

Cada vez más lugares del país se transforman en accesibles para poder ser disfrutados por personas con discapacidad o con movilidad reducida; conocé los destinos que permiten vacaciones para todos

En la Argentina, cuatro de cada diez personas tienen alguna dificultad para movilizarse. Entre ellos se incluyen mujeres embarazadas, niños, adultos mayores con problemas para caminar, personas que transitan con cochecitos de bebes, alguien enyesado o que transporta una carga de peso importante sobre su cuerpo, personas con alguna discapacidad, etcétera. Contemplando todo este universo de ciudadanos, en el país y el resto del mundo se avanza hacia ciudades sin barreras, sitios accesibles para todas las personas. El turismo accesible forma parte de este planteo y, en los últimos años, ha dado muestras de iniciativas positivas en distintos puntos del país.
Imagen de gente con Discapacidad en las Cataratas del Iguazú

El asesor de la Defensoría del Turista y creador de la red de Turismo Accesible, Alejandro López, dice que la ciudad de Buenos Aires está instrumentando un plan estratégico de accesibilidad trazado con perspectivas a concluirlo en 2019: esto incluye hoteles, restaurantes, buses turísticos, shoppings, organismos públicos, entre otros, que serán accesibles para personas con discapacidad o con movilidad reducida.

Pero varios puntos turísticos en la Argentina iniciaron también este camino. López enumera algunos de los destinos más avanzados en este sentido: Cataratas, con un 90% de accesibilidad al Parque Nacional Iguazú; Puerto Madryn, donde personas con problemas motrices pueden avistar ballenas y hasta bucear; en el cerro Champaquí, en las sierras de Córdoba, se puede llegar a la cima en silla de ruedas; en La Rioja, el Parque Nacional Talampaya y Chilecito también emprendieron acciones; en Tierra del Fuego hay una excursión con trineo tirado por perros; en centros de esquí importantes como los de San Martín de los Andes o Chapelco hay escuelas de esquí adaptadas, incluso para personas ciegas; en el Parque Nacional Perito Moreno hay ascensores para el acceso a las pasarelas que permiten contemplar el glaciar; en San Rafael, Mendoza, se ofrece rafting para personas en sillas de ruedas. Y los ejemplos siguen. “La Argentina está avanzando mucho. Tenemos un buen marco normativo que en otros países no existe, y aunque falta mucho, es una buena base”, opina López, quien también habla desde la experiencia que le da tener un hermano en silla de ruedas. Muchos de estos destinos que menciona fueron disfrutados por él junto a su hermano. “Cada vez hay más experiencias por vivir, más sitios por visitar. Él se siente mucho más seguro al viajar por la Argentina”, comenta este licenciado en Turismo y profesor de educación física.

Las leyes a las que se refiere son la ley de turismo (N° 25997), promulgada en 2005, que obliga a los parques nacionales a tener accesibilidad, y la específica de turismo accesible (N° 25643), promulgada en 2002. Aquí se dejan sentadas las bases de que las actividades de turismo y recreación deben posibilitar “la plena integración -desde la óptica funcional y psicológica- de las personas con movilidad y/o comunicación reducidas, obteniendo durante las mismas la satisfacción individual y social del visitante y una mejor calidad de vida”. Los destinos de playas, lugares especiales para disfrutar del sol en el verano, también empiezan a sumarse a esta movida de turismo accesible. López destaca los balnearios de Mar del Plata y Villa Gesell como los pioneros. La vicepresidenta del Ente Municipal de Turismo de Mar del Plata, Valeria Méndez, comenta a la nacion que el planteo de ciudad que tienen es “para todos”, es lo que define como “para todas las personas con movilidad y comunicación reducida”, tanto si vive de modo permanente como si se visita por vacaciones el lugar. “Inclusión absoluta implica que todos puedan ir por la misma playa, pasear por la misma vereda, ir al mismo restaurante, a un teatro, que toda la familia transite por los lugares sin discriminación”, dice. Con esa concepción trabajan y lo plasmaron en un plan que les permitió ir transformando la ciudad en más inclusiva. “Tenemos una guía turística en la que se incluyen los grados diferentes de accesibilidad en los distintos lugares, para que cada uno vea si puede realizar determinado paseo. Se establece inaccesible, accesible con ayuda, accesible. Si hay un edificio histórico que tiene cuatro escalones, lo indicamos”, detalla.

Desde 2008 empezaron la tarea específica con las playas, el centro de atracción de esta ciudad balnearia. “Se vencían varias licitaciones de playa. Incluimos el nuevo concepto de accesibilidad, el concepto de playa para todos, y hay un anexo donde la accesibilidad tiene un alto puntaje”, comenta. Así fueron logrando que los concesionarios fueran incluyendo facilidades para personas con alguna dificultad. Lo que se planteó como importante es que todas las personas pudieran llegar desde el estacionamiento hasta el mar. Hoy las dos playas más clásicas de Mar del Plata tienen accesibilidad total.

“También trabajamos para que los restaurantes tuvieran carta en braile, menú para celíacos, rampas, por ejemplo; que los hoteles fueran accesibles, que las plazas tengan juegos para todos. Es decir, una ciudad accesible”, dice. Y contrasta: “En la zona céntrica en 2007 una persona en silla de ruedas no podía hacer un recorrido por la ciudad; hoy sí”. Por este motivo, según la funcionaria, en la calle hay más movimiento de discapacitados, básicamente porque se pueden mover, pueden ingresar a complejos teatrales, a polideportivos, etcétera. “En el sector privado costó, pero el empresario empezó a ver que las inversiones que se hacen son para todos, que terminan favoreciéndolos porque más gente se acerca a sus lugares. Esto es rentable económicamente”, concluye.

Natalia Puglisi es responsable de Administración y Recursos Humanos de Bahía Varese, un balneario accesible de Mar del Plata. Así los distinguió el Ente de Turismo. Detalla que las acciones que se realizaron para lograr este objetivo fueron: rampas en todos los accesos al balneario, ya sea que se ingrese a la cochera en vehículo o para quienes se acerquen a pie; en los baños, cartelería en braile en la entrada; baños familiares para damas y caballeros (se llama así a los baños para discapacitados que también se utilizan para cambiar bebes y acompañar a los hijos cuando el padre acompaña a la nena o la madre al nene); pasillos accesibles a las carpas que posibilitan la llegada allí mediante silla de ruedas; carpas y sombrillas sobre decks para poder movilizarse dentro de ese espacio en silla de ruedas; sillas anfibias a disposición de quienes visiten el balneario (son una especie de reposera que puede mojarse y tiene ruedas); personal del balneario capacitado para atender a personas con capacidades diferentes y una página Web con un programa especial para ciegos y disminuidos visuales.

“Estas tareas que realizamos no fueron acciones de marketing, ya que por suerte el balneario no las necesita, sino que fueron acciones de Responsabilidad Social Empresaria”, aclara Puglisi. “Cada año vemos la integración de nuestros clientes que necesitan estos servicios diferenciados porque antes no tenían dónde pasar el verano, tenían limitaciones que los imposibilitaban moverse, desplazarse y disfrutar como cualquiera. Nos enorgullece que cada año sean más los clientes que vienen para disfrutar. Y no sólo ellos nos agradecen, sino los que no usan los servicios diferenciales también, porque se sienten bien al compartir lugares y ambientes inclusivos.”

El Parque Nacional Iguazú, donde se encuentran las cataratas del Iguazú, es otro de los destinos accesibles. En el paseo por el parque pueden verse sillas de ruedas especiales (diseñadas y fabricadas ahí mismo en los talleres del parque) y carritos del estilo de los usados en canchas de golf para transportar a personas con movilidad reducida; también el centro de información turística está en braile, así como los menús en el restaurante La Selva, los accesos tienen rampas, las pasarelas poseen el ancho como para que ingrese una silla de ruedas, los baños son accesibles, el estacionamiento también. Los trenes ecológicos para recorrer los circuitos inferior, superior y Garganta del Diablo tienen asientos rebatibles para que entren varias sillas de ruedas en caso de ser necesario. El programa, que tiene entre otras estas mejoras mencionadas, se llama Naturaleza sin Barreras.

La responsable del área de Accesibilidad y Responsabilidad Social del parque, Karina Pudor, profesora de educación diferencial y magister en accesibilidad y diseño universal,

cuenta a la nacion que alrededor del 10% de los visitantes de Cataratas son personas con alguna discapacidad o movilidad por la edad, y que la cifra se incrementa año a año desde que existe esta política inclusiva, en 2003. Para comprobar el grado de accesibilidad se invitaron a grupos de personas con capacidades especiales: recorrieron el lugar grupos de ciegos, de sordos, el equipo de básquet en sillas de ruedas, entre otros. También el personal de Iguazú Argentina, concesionaria del parque, debió ser capacitado.

“Hicimos un parque más accesible para todos, no sólo para personas con alguna discapacidad”, enfatiza Pudor. Y hace hincapié en la importancia de seguir incorporando destinos amigables para todas las personas. “Para que el destino sea accesible hace falta que acompañe la ciudad. Aquí en Iguazú hay hoteles accesibles, como el American con el que trabajamos; el aeropuerto, también. Hay que seguir trabajando con este fin”, concluye. El gran activista por esta causa, Alejandro López, acuerda con esta idea: “Para que exista turismo accesible debe existir una red de turismo accesible, una cadena de sitios que vuelvan a ese lugar amigable para todos”.

Por Verónica Dema | LA NACION